Quienes me seguís ya sabéis que no soy el tipo de persona que se siente cómoda en la zona de confort. Para crecer es fundamental salir de ella y, por eso, trato de hacerlo cada vez que aparece algo que creo puede ayudarme a mejorar.
Eso es precisamente lo que promete el teclado Dvorak a través de una distribución de teclas que, en teoría, permite escribir más rápido, mover menos los dedos, cansarme menos y, en definitiva, ser más eficiente.

Por si no hubiera ya motivos suficientes para ponerlo a prueba, se trata del teclado del 0.0001%. Así que, aunque había leído opiniones tanto de gente que decía que merecía la pena como de gente que no, mi curiosidad llegó a tales niveles que no pude resistirme a cambiar los ajustes en el sistema operativo y empezar a probarlo.
¿Quieres saber cuál fue mi experiencia diciendo adiós al sistema QWERTY y pasarme al teclado Dvorak? Te la cuento a continuación.
Tabla de contenidos
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- Qué es el teclado QWERTY y por qué lo usamos todos
- Por qué decidí probar el teclado Dvorak
- El proceso de cambiar de QWERTY a Dvorak
- El gran problema de Dvorak: los atajos
- Por qué volví a QWERTY
- ¿Dvorak permite escribir más rápido?
- Lo que aprendí de esta experiencia usando Dvorak
- Qué sí recomiendo para escribir más rápido
- Conclusión: ¿merece la pena usar Dvorak?
Qué es el teclado QWERTY y por qué lo usamos todos
El teclado tradicional se llama QWERTY por las primeras seis letras que aparecen en la fila superior: Q, W, E, R, T, Y. Lo curioso es que esta distribución no nació para escribir más rápido ni de forma más cómoda.
Su origen está en las máquinas de escribir del siglo XIX. En aquel momento, las teclas se distribuyeron de forma que algunas letras frecuentes quedaran separadas entre sí para evitar que los mecanismos se atascaran, por lo que la distribución del teclado que hoy usamos en ordenadores, portátiles y móviles está condicionada por las limitaciones técnicas de las máquinas antiguas.
Pese a ello, se mantuvo con el paso del tiempo y hoy es el teclado estándar que ofrece de serie todo el mundo.
QWERTY quizá no sea perfecto ni el más eficiente, pero está en todas partes. Y eso, como aprendí más tarde, pesa mucho más de lo que parece.
Por qué decidí probar el teclado Dvorak
Todo empezó cuando estaba en segundo de bachillerato. Al compararme con algunos compañeros de clase, me di cuenta de que escribía lento y, para remediarlo, empecé a buscar formas de mejorar mi velocidad.
Primero aprendí algo que sí recomiendo a todo el mundo: escribir con los diez dedos y sin mirar el teclado. Conseguirlo tras muchas horas de práctica supuso un antes y un después.
Pero mientras investigaba cómo escribir más rápido, descubrí el teclado Dvorak y su distribución alternativa diseñada expresamente para hacer que la escritura sea más rápida y cómoda.
A diferencia de QWERTY, su diseño tiene en cuenta la frecuencia de uso de las letras y el movimiento natural de los dedos. Por ejemplo, muchas de las letras más utilizadas, incluidas las vocales, están colocadas en la fila central.
La idea es sencilla: si las letras que más usas están más cerca de la posición natural de las manos, escribes con menos esfuerzo. Sobre el papel, tenía todo el sentido.
Además, casi todas las opiniones de la gente que había cambiado QWERTY por Dvorak eran más que positivas. Casi todas hacían énfasis en los mismos aspectos: más comodidad, más velocidad y menos fatiga entre quienes lo usaban buena parte del día. Así que decidí probarlo.
El proceso de cambiar de QWERTY a Dvorak
No os voy a engañar, el cambio fue bastante duro. Al principio, escribir con Dvorak es como intentar escribir a mano con tu mano mala. Sabes perfectamente lo que quieres poner, pero tus dedos no responden. Tu cerebro va por un lado y tus manos por otro.
No tardé en comprobar que la memoria muscular que había construido durante años estaba asociada a QWERTY. Encontrar la tecla que quería me ralentizaba muchísimo, lo mismo con los números y los símbolos. Todo era nuevo, pero pensaba que si lograba aprenderlo, mejoraría mi velocidad de redacción, así que no me rendí.
Pasé horas y horas practicando en webs de mecanografía. Escribía, fallaba, borraba y volvía a empezar.
Al principio era desesperante, pero poco a poco empecé a notar progreso. Fallaba menos. Miraba menos el teclado. Las manos empezaban a recolocarse solas y celebraba cada pequeño avance en el ritmo.
Durante el verano, antes de entrar a la universidad, practiqué muchísimo. Llegó un punto en el que ya me sentía bastante cómodo escribiendo en Dvorak. Había conseguido una velocidad decente y, además, notaba que movía menos los dedos.
El problema es que, a medida que mejoraba con Dvorak, perdía soltura con QWERTY, y ese fue el principio del problema que me llevó a replantearme todo.
El gran problema de Dvorak: los atajos

Cuando ya empezaba a escribir con cierta fluidez, apareció el verdadero obstáculo: los atajos de teclado.
En el día a día, además de escribir palabras, es fundamental utilizar comandos como copiar, pegar, guardar, abrir ventanas o cambiar de pestaña. Y aunque algunos, como copiar, sigan siendo Control + C, si lo haces de forma instintiva y pulsas donde antes estaba la C pensando que sigue allí, el resultado ni se parece.
Ante este escenario tenía básicamente dos opciones: reconfigurar todos los atajos de todos los programas y del sistema operativo o aprenderme todos los atajos Dvorak desde cero.
La primera era un lío: algunos atajos no se podían cambiar, otros daban problemas de compatibilidad… así que opté por la segunda opción: aprenderlo todo otra vez. Y lo hice, aunque el coste en tiempo que me llevó fue enorme.
Durante un tiempo, todo parecía ir bien. En mi portátil, con mi configuración, Dvorak funcionaba estupendamente. Ahora bien, cuando entré en la universidad, todo cambió.
El primer día de prácticas me senté en un aula con ordenadores y, como todos tenían configuración QWERTY, busqué la forma de cambiarlo por el Dvorak a través del sistema operativo, pero como no tenía los permisos de administrador, no pude. En ese momento me di cuenta de que, cada vez que tuviera que usar un ordenador que no fuera mi portátil, estaba vendido.
En la uni tenía que usar QWERTY, pero en mi portátil seguía con Dvorak, lo que impedía que mi cerebro se llegase a acostumbrar. Para colmo, la contraseña que me puse para iniciar sesión como estudiante era larguísima.
Además, los asteriscos que aparecen por seguridad mientras la insertas no me dejaban ver lo que estaba escribiendo, por lo que el tiempo que perdía cada día nada más sentarme en un ordenador que no fuera el mío era enorme.
Intentaba escribir la contraseña mirando las letras físicas del teclado y hacerlo poco a poco, pero mis dedos, ya acostumbrados a las posiciones del Dvorak, me saboteaban una y otra vez.
El ordenador se bloqueaba unos minutos tras varios intentos y, cuando conseguía entrar, el profesor ya había explicado varios pasos de la tarea de turno que no había podido seguir a tiempo.
Cuando por fin conseguí entrar, intenté cambiar la distribución del teclado a Dvorak, pero no pude. Hacían falta permisos de administrador, así que probé desde ajustes. Nada. Probé por terminal, y nada. Terrible.
Al menos ese día entendí algo muy importante: una herramienta puede ser muy eficiente en teoría y, en la práctica, convertirse en un verdadero infierno si, por lo que sea, no es para ti.
Por qué volví a QWERTY
Con el paso del tiempo aprendí que el sistema Dvorak podía funcionar a la perfección en mi entorno controlado: mi portátil, con mi configuración y mis programas, pero que el mundo no está configurado para Dvorak.
Cogía el móvil de un amigo y no sabía escribir bien, usaba un ordenador de clase y me bloqueaba, me dejaban un portátil y me volvía lento y torpe. Usar un dispositivo que no fuera el mío se convertía en una barrera.
Era como tener un coche eléctrico muy bueno, rápido y cómodo, pero vivir en un lugar donde no hay cargadores. En tu garaje funciona perfecto, pero en cuanto sales a carretera, tienes un problema.
Eso es exactamente lo que me pasó con Dvorak. Puede ser más cómodo, estar mejor pensado y mejorar tu productividad una vez lo controlas, pero lo cierto es que, antes o después, tienes que usar QWERTY y, cuando llega ese momento, todo se vuelve cuesta arriba.
QWERTY es el estándar, así que volví a él. Por suerte, la vuelta fue bastante sencilla y rápida. En unas dos semanas recuperé prácticamente el nivel que tenía antes de cambiarme. Y ahí sigo.
¿Dvorak permite escribir más rápido?
Depende a quién preguntes. En mi caso, no noté una mejora enorme de velocidad. Lo que sí que noté fue más comodidad. Al mover menos los dedos, escribir durante horas me costaba menos, pero tampoco tanto como para justificar todo lo que he comentado antes.
Además, hay un detalle importante: Dvorak fue pensado principalmente para la redacción en inglés, así que cuando escribes en español, aunque hay mejoras, no son tantas. Quizá para una persona que escribe muchísimo en inglés tenga más sentido que para mí.
Lo que aprendí de esta experiencia usando Dvorak
Mirando atrás, creo que el error fue confundir optimización con productividad. Dvorak parecía una mejora. Y en algunos aspectos lo era. Pero el tiempo que dediqué a aprenderlo, adaptarme, memorizar atajos y luego volver a QWERTY fue demasiado grande para el beneficio que obtuve.
Ese tiempo habría estado mucho mejor invertido si lo hubiera dedicado a aprender a programar mejor, escribir mejor, vender mejor o a crear mejores proyectos.
A veces intentamos optimizar pequeñas cosas pensando en que la suma de todos esos pequeños cambios va a traducirse en grandes mejoras, pero no siempre es así. Cambiar a Dvorak fue una de esas optimizaciones que, en mi caso, no compensó.
Qué sí recomiendo para escribir más rápido
Aunque no recomiendo cambiar a Dvorak, sí recomiendo aprender a escribir bien. Aprender a escribir con los diez dedos sin mirar el teclado sí merece la pena.
Eso sí que es un antes y un después. Te permite ir más rápido y trabajar con más fluidez, sin necesidad de romper con el estándar que usa todo el mundo.
Puedes hacerlo con programas gratuitos de mecanografía, webs de práctica o herramientas clásicas como MecaNet (el programa gratuito que yo usé). Con constancia, como todo en la vida, la mejora se nota bastante y más rápido de lo que parece.

También recomiendo usar herramientas de dictado. El speech to text ha mejorado muchísimo en los últimos tiempos. Tanto que, en muchos casos, dictar puede ser más rápido que escribir, sobre todo ideas largas, borradores o textos que luego puedes editar. Todo esto sí que se traduce en mejoras útiles.
Pese al resultado de mi experiencia con el teclado Dvorak, siguen llamándome la atención otros tipos de teclados. Por ejemplo, los que están divididos en dos partes o los modelos con menos teclas y configuraciones personalizadas, como el corne keyboard.

Cada vez que veo uno, me entran unas ganas terribles de probarlo… hasta que recuerdo mi experiencia con Dvorak.
Quien se lance a probarlo tiene que tener en cuenta que necesitará nuevos mapeos mentales, enfrentarse a una curva de aprendizaje lenta y dedicar tiempo a realizar configuraciones, revisar compatibilidades y probar programas que no están hechos para este teclado.
A día de hoy, antes de lanzarme a por experiencias similares me pregunto si realmente me va a hacer más productivo o si solo me apetece probarlo porque parece más eficiente que algo que ya estoy usando. Y la respuesta es casi siempre la misma: prefiero dedicar todo ese tiempo a cosas más importantes.
Conclusión: ¿merece la pena usar Dvorak?
En mi opinión, no. Al menos no para la mayoría de personas.
Dvorak puede ser más cómodo que QWERTY, puede tener una lógica mejor, puede reducir ciertos movimientos de los dedos, pero el coste de cambiar es demasiado alto si trabajas con distintos dispositivos, usas ordenadores ajenos o necesitas moverte en entornos donde todo está configurado en QWERTY.
QWERTY no es perfecto, pero es universal. Y esa universalidad tiene un valor enorme.
Si quieres escribir más rápido, mi recomendación es mucho más simple: aprende mecanografía con los diez dedos y sin mirar. Eso sí que cambiará la forma en la que usas el ordenador y el tiempo que inviertes usándolo. Y si quieres ir todavía más rápido, echa un vistazo a las herramientas de dictado. A mí me ayudaron mucho.