Saltar al contenido
Volver

Mi Experiencia Viviendo en Dubái

Hugo Pino
Hugo Pino
13 min de lectura

Yo en Dubái, con el Burj Khalifa de fondo.

Hace un año tomé una decisión que, vista desde fuera, podía parecer una locura: dejé España y me mudé solo a Dubái, dejando atrás a mi familia, mis amigos, mis rutinas y una vida relativamente cómoda.

No sabía si estaba cometiendo un error carísimo del que me acabaría arrepintiendo o si, por el contrario, estaba tomando una de las mejores decisiones de mi vida. Como no soy de esas personas que se acaban de sentir del todo cómodas en su zona de confort, solo había una manera de salir de dudas: haciendo las maletas.

En mi cabeza, Dubái aparecía como ese lugar en el que no paran de pasar cosas, donde los emprendedores crecen, brotan oportunidades, y todo ello rodeado de un halo de lujo, libertad y un estilo de vida muy distinto al de España que atraería a cualquiera.

Y sí, una parte de eso es real, pero también hay otra parte que no se ve tanto en redes sociales. Después de vivir aquí un año, puedo decir que Dubái es una ciudad increíble para crecer en muchos sentidos, pero también que no es para todo el mundo.

Por qué me mudé de España a Dubái

La pantalla del avión durante mi vuelo de Madrid a Dubái.

Me fui de España porque buscaba crecimiento. Sentía que necesitaba un cambio. Quería estar en un entorno más dinámico, rodearme de personas con ambición y vivir en una ciudad donde pasaran cosas.

Dubái me llamaba mucho la atención por varios motivos. El primero es la facilidad para emprender. Aquí la burocracia es muchísimo menor que en España. Las personas físicas no pagan impuestos sobre la renta y las empresas, si superan cierto beneficio neto, pagan un porcentaje bastante bajo en comparación con otros países.

Además, muchos emprendedores vienen a Dubái, abren una empresa y se emiten una visa a sí mismos que tiene total validez legal.

Las opciones para quienes tienen la intención de quedarse en el país son varias. Además de abrir una empresa y emitirte una visa a ti mismo, que tiene un coste de aproximadamente 5000 dólares, puedes conseguir una renovable realizando inversiones en empresas locales.

En mi caso, después de barajar diferentes opciones, me acabé decantando por la golden visa. Esta ofrece residencia a largo plazo a quienes invierten en propiedades inmobiliarias de alto valor, emprendedores y talentos especiales, como fue mi caso, gracias a mis conocimientos en web3.

La mía tiene una duración de 10 años, no te obliga a entrar en Dubái cada seis meses y permite emitir visas para otras personas. Para alguien como yo que quiere construir algo a largo plazo, esa estabilidad se agradece muchísimo.

El clima en Dubái: sol, energía y un verano complicado

Una playa de Dubái al atardecer.

Una de las cosas que más influyen en el día a día en Dubái es el clima desértico que rige en esta parte del mundo.

Aquí casi siempre hace sol y eso se nota mucho más de lo que parece en el estado de ánimo. Te levantas con luz, el cielo despejado y con una sensación de energía que, al menos en mi caso, ayuda bastante.

Lo que durante buena parte del año es una bendición, en verano es todo lo contrario. Porque sí, como seguro intuyes, los meses de verano en Dubái son muy duros.

Llega un punto en el que el calor se vuelve casi insoportable y salir a la calle se convierte en un infierno. Tanto que durante los meses más calurosos muchos de los que viven aquí se van a otros países. Yo, de hecho, también lo hago.

El estilo de vida: comodidad absoluta si puedes pagarla

El skyline de Dubái por la noche.

Uno de los puntos fuertes que tiene Dubái es el altísimo nivel de vida que ofrece. Si tienes dinero y te lo puedes permitir, puedes pedir prácticamente cualquier cosa a domicilio.

Comida, un peluquero, un masajista, análisis de sangre, pruebas médicas… casi cualquier producto o servicio que se te ocurra se ofrece a domicilio.

En cuanto a la ciudad, está pensada para que la vida de quienes viven aquí sea lo más fácil posible. Los servicios públicos funcionan muy bien y la atención al público es impecable.

Casi allá donde vayas encuentras gente encargada de abrir las puertas, controlar los accesos, limpiar baños o gestionar el tráfico de la zona. El nivel de personal y de profesionalismo de esta gente es algo que, si vienes de España, choca bastante.

Ahora bien, toda esa comodidad tiene un precio. Porque sí, Dubái es una ciudad cara.

Yo vivo en Dubái Marina, una de las zonas más conocidas y turísticas, y mis gastos mensuales están entre los 4.000 y los 5.000 euros.

Mi habitación en Dubái Marina, donde he pasado este último año.

Salón y zona de trabajo de mi piso en Dubái Marina, con dos sofás frente a un ventanal panorámico que da al skyline.

Se puede vivir con menos, por supuesto. Depende mucho de la zona, del estilo de vida y de lo que cada persona considere necesario, pero si quieres vivir en zonas buenas, salir, moverte cómodamente y disfrutar de todo lo que ofrece la ciudad, el coste de vida es alto.

La primera impresión: una ciudad que parece del futuro

El Burj Khalifa visto de noche desde la calle.

Cuando llegas por primera vez a Dubái, la ciudad impresiona. El skyline es brutal. El Burj Khalifa, los rascacielos, las carreteras enormes, los centros comerciales gigantes, las zonas nuevas… Todo parece haber sido diseñado para dejar con la boca abierta a los visitantes.

A veces tienes la sensación de estar en una ciudad que va diez años por delante. Incluso después de un año, hay cosas que todavía me siguen sorprendiendo a diario.

No es ningún secreto que Dubái ha sabido venderse muy bien durante mucho tiempo. Tanto como para que lo primero que te venga a la mente al mencionarlo sea lujo y dinero. Y aunque hay que reconocer que muchas de las cosas que se dicen sobre la ciudad tienen gran parte de verdad, otras son puro marketing.

Por ejemplo, lo de que los policías van en Lamborghini a todas partes. Sí, es cierto que existen, pero te aseguro que no los ves por todos lados.

Otro ejemplo de ello son las ideas futuristas que se asocian a Dubái. Algunas están en pruebas, otras son proyectos y otras se exageran bastante. Sea como fuere, hay que reconocer que, como marca, Dubái sabe venderse muy bien.

El dinero en Dubái no se esconde

Un Tesla Cybertruck aparcado con el skyline de Dubái al fondo.

En Dubái el dinero se ve. No se disimula nada. A la gente le encanta mostrar sus coches, relojes, ropa, los restaurantes a los que va, los apartamentos en los que se aloja y las experiencias que disfruta en su tiempo libre.

Vas a un centro comercial y, más que a comprar, parece que los visitantes han ido a competir por ver quién tiene el coche más caro, el mejor reloj o el estilo de vida más llamativo. Esto es algo que puede motivarte o distraerte de tus objetivos. Depende mucho de cómo lo gestiones.

A mí, personalmente, estar rodeado de gente que ya ha conseguido cosas que yo quiero conseguir me inspira. Me hace estar más enfocado en mis objetivos, pero también entiendo que muchos de los que llegan aquí con pájaros en la cabeza puedan caer en el juego de aparentar. Y lo peor es que, en Dubái, ese juego no se gana nunca, porque siempre hay alguien con más dinero, mejor coche, mejor casa, mejores contactos y mejor timeline de Instagram.

Por eso creo que es importante venir con los pies en la tierra. Si no tienes claro quién eres y qué quieres, la ciudad puede arrastrarte y llevarte por el mal camino.

La otra cara de Dubái que no siempre se enseña

Los autobuses que recogen y devuelven a los trabajadores en Dubái.

Trabajadores subiendo a uno de los buses que les llevan a trabajar en Dubái.

Una cosa que me hubiera gustado saber antes de venir es que Dubái tiene una parte espectacular, pero también una parte muy dura.

La economía de la ciudad se sostiene, en gran medida, gracias al trabajo de personas que vienen de países como India, Pakistán, Bangladesh y otros lugares de Asia.

Muchos trabajan en construcción, reparto, limpieza o servicios y sus condiciones no tienen nada que ver con la imagen de lujo que se suele enseñar de la ciudad.

Viven lejos del centro, hacen trayectos muy largos todos los días en autobuses como los de la foto, trabajan muchas horas y cobran salarios bajísimos para el nivel de vida de Dubái.

Es una realidad que está ahí. No es la parte que aparece en los vídeos megaproducidos de los youtubers que viven o pasan unos días por aquí, pero forma parte de la ciudad.

Obviamente, y aunque no se muestran en ningún lado, existen negocios pensados para ellos, con precios muy bajos: peluquerías, restaurantes sencillos, sitios donde puedes comer por muy poco dinero. La calidad es la que es, pero cumplen una función para quienes viven con presupuestos ajustados.

Esta diferencia entre mundos se nota mucho. Dubái puede ser lujo extremo y, al mismo tiempo, una ciudad muy desigual. Como en ningún lado, no es oro todo lo que reluce.

Seguridad en Dubái: una de las mejores cosas de vivir aquí

Si hay algo que me parece espectacular de Dubái es la seguridad. La ciudad es muy segura.

Yo me muevo mucho en patinete eléctrico y muchas veces lo dejo sin candado. También es normal sentir que puedes ir tranquilo por cualquier calle a cualquier hora.

En casa, incluso, alguna vez hemos dejado la puerta abierta por la noche sin que pase absolutamente nada.

La seguridad de Dubái es de otro nivel. Saben que es una de las características mejor valoradas y la cuidan mucho.

El nivel de vigilancia que se tiene de todo lo que ocurre en cada centímetro de la ciudad es brutal. Hay cámaras por todas partes, radares, controles y, por supuesto, normas muy estrictas. Si haces algo mal, lo más probable es que te pillen.

A mí me pasó. Un día estaba cruzando una estación de metro y me subí al patinete eléctrico para atravesarla más rápido. Había visto los carteles que prohibían circular con patinete, pero aun así lo hice. Duré unos segundos. Apareció un guardia prácticamente de la nada y me cayó una multa.

Así funciona Dubái. Es seguro, sí, pero en buena medida porque las normas se cumplen y las consecuencias son rápidas.

Vida social en Dubái: contactos, negocios y mucha apariencia

Con amigos en una piscina infinity con vistas a Dubái.

La vida social en Dubái es bastante diferente a la de otras partes del mundo. Aquí se conoce a mucha gente.

Hay eventos, cenas, planes, reuniones, gimnasios, fiestas, negocios… Sin embargo, hacer amistades de verdad cuesta mucho. La mayoría de relaciones giran alrededor del networking, los negocios o el interés profesional.

No digo que no se puedan hacer amigos de verdad. Se puede. Pero no es una ciudad especialmente fácil si lo que buscas es una vida tranquila, familiar y con relaciones muy cercanas desde el principio.

En Dubái todo va muy rápido. La gente llega, se va, cambia de proyecto, viaja, monta empresas y busca oportunidades todo el tiempo y por todas partes.

Eso tiene una parte muy buena, porque te obliga a moverte para abrirte puertas, pero también puede resultar duro si necesitas estabilidad emocional o eres de los que buscan una vida más pausada.

¿Se gana mucho dinero en Dubái?

El Burj Khalifa iluminado en azul por la noche.

Hay una idea bastante extendida de que en Dubái todo el mundo gana muchísimo dinero y no es exactamente así.

Los salarios dependen mucho del sector, del tipo de trabajo y, por qué no decirlo, también del pasaporte. Por el mismo puesto, no siempre cobra lo mismo una persona de Estados Unidos que una persona de India o Pakistán.

Además, los trabajos físicos están muy saturados. Hay muchísima mano de obra extranjera que llega casi cada día buscando una oportunidad. La construcción, los servicios y muchos puestos técnicos dependen de trabajadores importados de otros países.

La gente que vive bien en Dubái suele haber hecho dinero por otras vías: negocios online, empresas propias, inversiones, proyectos creados antes de llegar o negocios montados directamente aquí.

Porque oportunidades hay, y muchas, pero Dubái no te regala nada. Si vienes sin plan, sin dinero y sin una habilidad clara, la ciudad puede hacerse muy cuesta arriba.

¿Es Dubái para todo el mundo?

Una salida con amigos en Dubái, con la noria Ain Dubai al fondo.

Definitivamente no. Y creo que es importante decirlo así de claro. Si eres una persona muy familiar, tranquila, que disfruta de una vida relajada, con planes sencillos y rutinas estables, Dubái no es tu sitio.

Aquí todo va rapidísimo; la ciudad te pide constantemente que pongas una marcha más.

Hay oportunidades, pero también presión. Hay lujo, pero también comparación constante. Hay seguridad, pero también normas estrictas. Hay mucha vida social, pero muy pocos vínculos profundos y duraderos.

Para mí, Dubái tiene sentido porque estoy en una etapa en la que quiero crecer. Quiero conocer gente potente. Quiero estar en un entorno que me exija más. Y eso es justo lo que me ha dado esta ciudad, pero entiendo perfectamente que no todo el mundo busque lo mismo.

Mi conclusión después de un año viviendo en Dubái

Las vistas desde mi balcón en Dubái Marina.

Después de un año, puedo decirlo alto y claro: no me arrepiento ni un gramo de haberme mudado aquí.

Dubái me ha ayudado a crecer muchísimo. He conocido a personas muy interesantes, he cambiado mi forma de ver muchas cosas y me he dado cuenta de que estar en el entorno adecuado puede acelerar una barbaridad tu evolución personal y profesional.

Para mí, Dubái es un lugar para crecer y prosperar, aunque sea una ciudad cara, exigente y muy competitiva.

No recomiendo venir dejándose llevar por lo que se ve en redes sociales. Para quedarse, aquí hay que venir con cabeza. Con un plan, con objetivos claros y con los pies en la tierra.

Si vienes buscando oportunidades y estás dispuesto a moverte por todos lados para conseguirlas, Dubái puede ser una ciudad brutal. Ahora bien, si vienes esperando que todo sea fácil, probablemente te acabes volviendo antes de lo que esperabas.

Yo, como decía antes, volvería a tomar la misma decisión una y otra vez. Y no porque Dubái sea perfecto, sino porque, en mi caso, era justo el tipo de lugar que necesitaba en este momento de mi vida.


Comparte este artículo en:

Artículo anterior
Mi experiencia usando Dvorak: ¿merece la pena?